Homenaje a Franco en Ferrol

25 de julio en Galicia, Día da Patria Galega: los falangistas y franquistas, en un ataque de nostalgia, convocan a participar en un homenaje al dictador Franco, en la calle María 136 (antes 108), donde nació. Unos días antes, el ejército guerrillero había colocado gelamonita en la escultura del caballo y en su lomo, pero la policía llegó a tiempo para desactivarlo.

Barrigas y brazos al aire, se manifestaron un grupo de hombres y mujeres en un alarde de rememorar al que diera un golpe de Estado a la República en el año 1936.

Homenaje a Franco en Ferrol. 25 de julio de 1987. En la imagen, la mano del hombre aparece recortada en su parte superior, pero al ser un negativo, el escaneado no completó bien toda la mano, pero en el negativo está entera. Esto podría dar que pensar si el fotógrafo captó la imagen con los dedos recortados, pero efectivamente es solo un problema de escaneado, la mano está entera.

Habiendo hecho la mili en Ferrol y disfrutado de la playa de Doniños en tantas ocasiones, estaba a gusto con lo de cubrir un acto para ensalzar la figura del dictador para El País; no recuerdo quién de fotografía me lo había encargado, probablemente Antonio Gabriel. Raro era que no viniera nadie de Madrid, con la cantidad de fachas que había en aquella redacción con piel de socialistas. Le pedí a mi padre el Dyane 6 rojo, y el trayecto hasta Ferrol desde Vigo era como ir en una diligencia tirada por caballos; aunque existía la AP-9, prefería siempre ir por la Nacional; se podía aprovechar para fotografiar algo nuevo, gente sobre todo, o una parada en algún bar de Padrón para reponer fuerzas. 

El caballo y el dictador seguían en el mismo lugar de siempre. Ni hacía cuatro días que la policía había desactivado un paquete con gelamonita y la secreta ojeaba a cualquiera que se acercara al monumento, por seguridad a la familia que tenía previsto acudir al homenaje.

La calle María me trajo recuerdos de cuando era marinero recluta de instrucción en el CIM. Con el franco de ría subíamos y bajábamos una y otra vez esa calle a ver si pescábamos algo, pero lo único que pillamos era a la pareja de la policía militar parando a los pelados para pedirnos el pase y pasarnos el dedo por la nuca, no fuera a ser que algún hippy anduviera suelto. Si el pelo les pasaba por encima del dedo, arrestado y al cuartel para una buena sesión de trasquilado. 

Frente a la casa donde naciera Franco estaba reunido un buen grupo de gente, que me recordaban estilos de antiguos profesores y curas cabrones; son esas cosas que se te quedan grabadas y no las olvidas. Las señoras vestían todas de falda y chaqueta de lana o a la moda. La cámara Fuji la llevaba en la mano derecha, enroscada la correa en la muñeca; por si a alguien se le ocurría tirarla, lo único que se iba a llevar era un sangrado de nariz. La cosa no estaba fácil. Maruja Torres anotaba los detalles del personal; todos esperaban a que alguien hablara desde el balcón del 108.

Me fui colocando, me dejé ver, tiré algunas fotos, pero esperé; sabía que aquello tenía mala pinta y hasta pensé que aparecerían los fachas, falangistas y la OJE en pleno apoyando a Cristo Rey y al Opus. La de Dios.

Sonó el himno nacional, todos sacaron el brazo saludando o pidiendo un taxi, y nada más terminar el himno comenzaron a cantar el Cara al sol. No aparté el ojo del visor; era como si me escondiera detrás de un muro de piedra que me protegía de todo y de las miradas. Y vi una que no quitaba ojo. Un hombre con la mano en el bolsillo y de traje. Los demás pensaron que era uno de ellos —vete a saber— y algunas mujeres se molestaron cuando pasé por el medio para buscar una buena composición. Estaba tirando con película en blanco y negro, fotograma a fotograma, con un 24 mm, y regresé a la primera fila, me agaché un poco y allí estaba nuevamente el hombre del traje gris a rayas y mano en el bolsillo viéndome. No olvido ese momento. Al copiar la imagen en el laboratorio y con la copia en la mano, descubro la mirada de la mujer que asoma por debajo del brazo del hombre a la izquierda. A pesar de que me gusta componer y subyugar —como me dijo en una ocasión el gran retratista Schommer—, no había visto a la mujer y su mirada láser controlándome. Pero la mirada del hombre siguió ahí durante el tiempo que tuve pegado el ojo al visor, que hizo de muro, de trinchera, de voyeur siendo observado.

Al acabar, hablé con Maruja; tenía que revelar, pero había que ir hasta donde la escultura del viejo y el caballo, porque los marqueses estaban yendo hacia allí. No tenía lugar para revelar en Ferrol, pero había conseguido un lugar en Coruña o Santiago. Colegas.

El grupo avanzó hasta la escultura; la policía ordenaba el paso a los curiosos, pero también vi a algunos obreros de la naval que, junto con alguien más, parecía que tenían algo preparado. Yo estaba más pendiente de Maruja por lo de si me necesitaba para algún retrato, no fuera a ser que luego en Madrid se les hubiera escapado alguna foto. Siempre he creído que me dijeron que cubriera aquel evento de franquistas porque alguno de la redacción estaba acojonado de que el ejército guerrillero montara algo sonado. 

Después de pasar todo el trabajo de ir, fotografiar y revelar, no publicaron nada. Ni tampoco hicieron el esfuerzo de hablar con Efe Santiago para pasar un par de fotos desde su transmisor. 

Mucho tiempo después, durante un evento o en alguna charla sobre algo de fotografía en Compostela, alguien se acercó a mí y me dijo: “El facha que te está viendo en la foto con la mano en el bolsillo y el brazo en alto es un alcalde franquista y llevaba una Astra 300 ‘Purito' en la bandolera y te quería pegar un tiro. Nosotros estábamos allí viendo y escuchando lo que decía el tipo y preparados para protegerte”. 

No supe qué decir. Me dieron la mano, se fueron y me quedé pensando: “Joder, el facha aquel iba en serio cuando me veía fijamente”.

En otra ocasión, me encargaron unas fotografías de franquistas y falangistas en Vilagarcía de Arousa. Iba con otro fotógrafo, que no cito para no dar pistas a nadie y proteger su identidad. Nos teníamos que colar en un acto de la Falange en un local, teatro o algo similar. Nos fuimos a un bar a pedir un “sol y sombra” y un café: El acrónimo CAFÉ: Durante la Guerra Civil Española, la palabra "CAFÉ" era utilizada por los falangistas y las tropas sublevadas como una consigna secreta que significaba "¡Camaradas, Arriba Falange Española!". El bar estaba lleno de hombres fumando puros, engalanados con camisas azules, medallas y todo ese tipo de cosas que se cuelgan para dar importancia al grado militar. 

—Buenas tardes —dijimos al entrar.

—Hola, chavales —respondieron.

—¿Qué les pongo, caballeros? —preguntó el camarero con chaqueta blanca y bigote bien cuidado y cortado.

—Unos sol y sombra, por favor —respondí con gentileza y viendo de reojo hacia los falangistas que estoy seguro ya nos habían olido que éramos de la prensa.

Había que entrarles, y yo no estaba como para fumar puros, pero una vez metidos en la madriguera del lobo, había que quitarse la piel de cordero sí o sí, y entonadillos por los sol y sombra, cada uno por su lado, nos presentamos.
Hay franquistas o falangistas a los que les mola ponerse la camisa simplemente por el asunto de salir de casa, no aguantar a la parienta y quedar con los amigos. Las celebraciones dejan de serlo cuando nos hacemos mayores; cuando llegas a una edad y todavía sigues creyendo en los Reyes Magos y en el enanito del bosque, estamos aviados, eres carne de sofá y terapia.

En la calle encendían puros, se hacían algunas fotos entre ellos y yo aproveché. Se la envío por correo y firmada, le dije a un grupo. Se lo tomaron bien, como aquellos fotógrafos que iban por las calles, playas, pueblos, fiestas y, sin preguntar, te hacían una foto, te pedían una peseta y, a vuelta de correo, te llegaba una foto en 9x13 en blanco y negro. Recuerdo las de foto Julio, que venía mucho por la playa de Alcabre.

Barrigas al aire, los puros eran buenos, lanceros cubanos algunos, tiraban perfectamente, ojos vidriosos como todos, después de la sesión de soles y sombras y comenzaron a llamar para entrar. Nos colamos; todavía no sé cómo. Nos quedamos atrás en la penumbra, y pensaron que éramos de los de ellos. Se abrió el acto, colocaron medallas a viejos camaradas y vi a alguien conocido de la Radio Vigo, y me quedé atónito. O sea, joder con fulano, falangista a muerte. Hicimos fotos con los teles y poco más; cantaba mucho. Unos chavales vestidos de negro en plan guardia pretoriana se acercaron y nos preguntaron qué hacíamos; les dijimos que éramos periodistas, que conocíamos a algunos, y nos pidieron que saliéramos. Al salir, los esperamos y los volvimos a fotografiar, hablamos y quedamos en enviarles fotos. Las historias que me contaron de pequeño sobre los falangistas y lo que le hacían a la gente que no era como ellos me hicieron pensar que es lógico que, si hay alguna civilización más avanzada que la nuestra, no tengan el mínimo interés en saber nada de nosotros.


La crónica de Maruja Torres en El País.

Maruja Torres

25.07.1987

Coincidiendo "casualmente" -según la junta gestora- con la celebración del Día de la Patria Gallega, tiene lugar hoy en El Ferrol el I Homenaje al Generalísimo Franco, Generalísimo de los Ejércitos y Caudillo de España, que un grupo de admiradores del anterior jefe de Estado quiere institucionalizar a partir de este año. Hay una cierta tensión en el ambiente, sobre todo considerando que uno de los actos previstos para hoy consiste en una ofrenda floral ante la estatua ecuestre del difunto, estatua que estuvo a punto de volar por los aires el pasado martes, por la colocación de más de 20 kilos de gelamonita, desactivados finalmente por la policía, reivindicada por la organización independentista Galicia Ceibe. En la rueda de prensa ofrecida ayer por tres miembros de la junta gestora prohomenaje se insistió en el carácter "apolítico" del mismo. "Sólo tratamos de honrar a un ilustre ferrolano que tuvo en sus manos los destinos de España durante 40 años, que nadie lo puede negar porque su obra está ahí, aunque a veces se intente desmerecerlo".

A última hora de ayer se ignoraba exactamente quiénes van a asistir a los diversos actos que incluyen el descubrimiento de una placa en la casa donde Franco nació, una misa solemne, una comida de hermandad al aire libre y una serie de conferencias a cargo de prohombres del antiguo régimen como el exministro Joaquín Gutiérrez Cano o Jesús Suevos Fernández.

Con toda seguridad asistirá, por lo menos, la marquesa de

Villaverde, aunque no es seguro que la señora de Meirás pueda venir, dada su avanzada edad. Don Vicente Pozuelo Escudero, jefe de lo que fue dado en llamar el equipo médico habitual, no ha podido venir a conferenciar porque le están haciendo doctor honoris causa por la Universidad de México. Muy distinto es el caso de Blas Piñar, presidente del partido Frente Nacional, quien no acude al homenaje precisamente para no cargar el acento político del mismo, aunque,se comenta que la iniciativa no ha partido de él, sino que le ha sido sutilmente insinuada.

'Franco, ese hombre'

Por la parte artística, hay que destacar la presencia del realizador cinematográfico José Luis Sáenz de Heredia, autor de la película Franco, ese hombre, quien ayer comentaba que ha escrito una carta al Papa "pidiéndole que quite de los pecados capitales la pereza y ponga en su lugar la ingratitud, que es lo que tantos españoles muestran hacia la figura de Franco". Los actos, que se prevé que agruparán a unas dos o tres mil personas llegadas en autocar desde varios puntos de España, se celebran ante la indiferencia de la mayoría del pueblo ferrolano y de los principales partidos políticos.

El almirante en la reserva, Enrique Amador Franco, primo segundo del general, protagonizó ayer un emotivo momento cuando, en la rueda de prensa, avanzó hacia los periodistas y dijo: "Si una parte de El Ferrol es capaz de hacerle un homenaje al caudillo, la transición y la democracia habrán salido ganando".